La historia de Alcohólicos Anónimos

La organización, mundialmente famosa, nació en los años 30 de la mano de dos amigos que compartiron sus experiencias como alcohólicos y cuyo apoyo resultó clave para dejar su adicción.

David López Gómez Médico Psiquiatra nº colegiado. 282861221
Alcohólicos Anónimos

La fundación de Alcohólicos Anónimos

 

En los años 30 del siglo XX los tratamientos profesionales para los adictos no estaban suficientemente desarrollados y no eran fácilmente accesibles. En situaciones de riesgo vital, los alcohólicos eran internados en hospitales psiquiátricos, en donde no se sentían identificados con el resto de enfermos (recordemos que la introducción del primer fármaco antipsicótico, la clorpromazina, fue en el año 1952) y de donde podían ser rechazados (las pólizas de seguros de Estados Unidos no incluían los daños causados por el alcohol y las drogas). En este contexto, en 1935 en Akron (Ohio) surge Alcohólicos Anónimos: una organización que parte de las experiencias y vivencias personales de los propios alcohólicos (López Gómez, 2015). Además, Alcohólicos Anónimos también se convierte en la primera asociación de adictos -en este caso, al alcohol- no dependiente de ninguna institución gubernamental o religiosa. Previamente, habían existido organizaciones religiosas, como el grupo evangélico Oxford Group, por el que pasó Bill Wilson antes de conocer a Bob Smith. Bill Wilson fue un alcohólico muy grave que pasó por muchos ingresos de desintoxicación y por depresiones graves también.

En su último ingreso, en diciembre de 1934, tuvo una “profunda experiencia espiritual” que, según su interpretación, le ayudó a mantenerse abstinente. Hasta mayo de 1935 no volvió a sentir un fuerte impulso de beber, coincidiendo con un viaje de negocios frustrado en Akron (Ohio). Para evitar una nueva recaída pensó que lo único que le podía ayudar era hablar con otro alcohólico. Como estaba en una ciudad desconocida para él, habló con un párroco que le remitió, con ciertos reparos, al Dr. Bob Smith, un médico que estaba pasando momentos difíciles con el alcohol. Logró hablar con él por teléfono e ir a su casa. A su entender, la interacción con otro alcohólico le evitó una recaída en la bebida. Por tanto, le convirtió en el primer alcohólico en levantar un teléfono en lugar de una botella, confirmando así el potencial de sustituir una dependencia a una sustancia por la interdependencia entre personas que quieren recuperarse de una misma adicción.

Dos alcohólicos graves, Bill Wilson y Bob Smith, fueron los fundadores de Alcohólicos Anónimos y los creadores del programa de los Doce Pasos

De este primer encuentro, se desarrolló una amistad y un interés por perseguir un mismo objetivo que les mantenía unidos: lograr y mantener la abstinencia. En junio de 1935, Bob Smith dio su último trago de alcohol y ese mismo día fue considerado como el de la fundación de Alcohólicos Anónimos: cuando ambos lograron dejar de beber a través del apoyo mutuo. Desde ese día, se corrió la voz de las nuevas reuniones que estaban organizando los dos amigos, abiertas a cualquier persona que quisiera dejar de beber y en las que se emancipaba la espiritualidad de la religiosidad, a diferencia del Oxford Group que era evangélico. Por tanto, Alcohólicos Anónimos abría sus puertas a futuras generaciones de alcohólicos de diversos credos, agnóstico y ateos. En 1938, Wilson amplia los seis principios del Oxford Group a los Doce Pasos (White y Kurz, 2008).

El único requisito para entrar en Alcohólicos Anónimos ha sido, desde su fundación y hasta el día de hoy, “querer dejar de beber”
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