¿Qué es una adicción?

El consumo de sustancias adictivas crece cada año, a la vez que disminuye la edad de inicio del consumo. A pesar de lo cual, tan solo una pequeña proporción de personas que tienen problemas con el consumo de estas sustancias busca ayuda profesional. Vamos a analizar cuáles son las principales causas de que no se busque esta ayuda, así como los factores de riesgo de desarrollar una adicción. También vamos a ver cómo se evalúan y diagnostican las adicciones. Una evaluación completa debe incluir una evaluación psiquiátrica porque hasta el 60 % de las personas que consultan en España por una adicción pueden tener también una enfermedad mental. La existencia de ambos trastornos (mental y adictivo) es lo que se conoce como Patología dual. El tratamiento conjunto de ambos de forma integral y multidisciplinar garantiza los mejores resultados. La psicoterapia, la farmacoterapia y los grupos de apoyo son los tres pilares para el tratamiento de los trastorno adictivos, haya o no patología dual.

Atef Souied Espada Médico especialista en Adicciones. Nº colegiado: 282867667
¿Qué es una adicción?

Datos epidemiológicos


El consumo de sustancias adictivas en España ha ido incrementando progresivamente en los últimos años. El Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanías (OEDT) del Plan Nacional sobre Drogas emite un informe anual al respecto del consumo de sustancias consideradas adictivas. En este informe, se puede observar la tendencia al alza en general del consumo de estas sustancias adictivas. En concreto, aumenta año tras año la proporción de personas que han consumido al menos una vez en la vida cocaína, cannabis, éxtasis, alucinógenos, anfetaminas y tranquilizantes. Mientras que, permanece relativamente estable la proporción de personas que han consumido al menos una vez en la vida tabaco, alcohol, heroína e inhalantes volátiles. Con todo, la sustancia que mayor proporción de personas ha consumido al menos una vez en la vida es el alcohol, con hasta el 93 %, seguido por el tabaco (73 %) (Plan Nacional sobre Drogas, 2015).

El 30 % de la población ha consumido cannabis alguna vez en su vida y el 10 % cocaína

Aunque puede haber sustancias más o menos adictivas, el hecho de “probar” o consumir una sustancia, no significa que la persona que la consuma se vaya a hacer adicta a ella. Tenemos el claro ejemplo del alcohol. El alcohol ha sido consumido al menos una vez en la vida por hasta el 93 % de la población española, pero “sólo” el 7-10 % de la población es bebedora de riesgo. Los condicionantes que van a determinar si una persona va a desarrollar una adicción son múltiples y variados, por lo que no es posible prever de antemano qué personas van a desarrollar una adicción y qué personas no. 

Probar una droga no te va a hacer adicto a ella, pero te arriesgas a que ocurra

Los datos que hemos presentado son de consumo en nuestro país, si buscamos datos clínicos en los que encontremos el porcentaje de personas diagnosticadas de un trastorno adictivo preferimos mostrar los datos de uno de los mayores estudios epidemiológicos realizados en el mundo: el National Comorbidity Survey Replication. Fue realizado en Estados Unidos sobre una muestra de 10.000 personas seleccionadas al azar y entrevistadas personal e individualmente. Ha dado forma a decenas de artículos científicos y ha sido citado en más 500 publicaciones de revistas científicas (ICPRS, 2016). El estudio mostró que el 14,6 % de las personas encuestadas tenían o habían tenido un trastorno por consumo de sustancias a lo largo de sus vidas; cuando consideraban las edades de los individuos encuestados y la posibilidad de que vivieran hasta los 75 años, proyectaban el porcentaje hasta el 16,3 % (Kessler, 2005). 
Con estos datos podemos ver que, aunque muchas personas han probado el alcohol y las drogas, solo una pequeña proporción desarrollan un trastorno adictivo. Lo mismo ocurre con la adicción a los juegos de azar. En el mismo estudio mencionado anteriormente, el National Comorbidity Survey Replication, se vio que, aunque el 78,4 % de las personas encuestadas habían apostado alguna vez en su vida, tan solo el 2,3 % había tenido algún problema con el juego y un 0,6 % reunía criterios de Juego patológico o ludopatía (Kessler, 2008). 

La gran mayoría de las personas han apostado alguna vez, hasta un 2 % pueden tener problemas derivados

Si no todas las personas que juegan a las tragaperras, que beben alcohol o que consumen cocaína desarrollan una adicción, ¿por qué algunas personas sí? No se puede dar una única respuesta a esta pregunta, sino que es una cuestión que depende de múltiples factores. Los factores que van a influir en favor de desarrollar una adicción se denominan factores de riesgo; mientras que, los factores que la evitan son factores de protección. Veamos a continuación cuáles son estos factores de riesgo y de protección.

Los factores de riesgo favorecen el desarrollo de las adicciones; mientras que, los factores de protección las evitan.

Factores de riesgo y de protección para el desarrollo de una adicción

 


1.    Factores de protección


El principal factor de protección para desarrollar una adicción es sin lugar a dudas el no probar esa sustancia. Como es lógico pensar, nadie se puede hacer adicto a la cocaína si no la ha probado nunca. Por este motivo, y por los efectos nocivos sobre la salud y el comportamiento, la mayoría de las sustancias potencialmente adictivas (salvo la cafeína, el tabaco y el alcohol) están ilegalizadas. 


Solo están exentas de desarrollar una adicción a una sustancia aquellas personas que no la han probado nunca

Los gobiernos tienen la misión de impedir la importación/exportación y distribución de estas sustancias. Además, también se organizan campañas de información y prevención primaria en colegios, universidades y lugares donde se encuentran la población más vulnerable: los jóvenes. Los menores de edad son más vulnerables a los efectos negativos de las drogas por su inmadurez cerebral, mayor influencia sobre su desarrollo personal (social, académico y familiar), inestabilidad emocional durante la adolescencia y por el conocido peor pronóstico de las adicciones que se desarrollan a temprana edad.
Desde el punto de vista individual, las personas con mayor capacidad de autocontrol, menos impulsivas y más estables emocionalmente tienen menos riesgo de desarrollar una adicción. La baja autoestima y la necesidad de ser valorado como perteneciente a un grupo social también pueden predisponer al consumo.
Es un factor protector criarse en un entorno familiar en el que no se sea ni muy permisivo con las drogas ni, por el contrario, muy rígido. Es importante que los padres informen a los hijos a partir de una edad madura de la existencia de estas sustancias y de sus efectos. Padres que consumen delante de sus hijos o que consideran tabú hablar de las drogas, pueden tener más probabilidades de que sus hijos se inicien en el consumo, especialmente en el primer caso.


En el ámbito social, el tener una buena y nutrida red de apoyo social, así como una ocupación de la que se sienta orgulloso y esté comprometido, protegen de desarrollar una adicción. Cuando la red social es amplia, el adolescente o joven puede elegir si alejarse de un grupo que está comenzando a consumir para acercarse a otro grupo que realice actividades más saludables.


Una amplia y nutrida red de apoyo social, así como el compromiso con una causa, protege a los adolescentes de desarrollar una adicción

2.    Factores de riesgo

 

Hay personas que tienen una predisposición biológica mayor que otras para el consumo de sustancias adictivas. La vulnerabilidad genética es uno de los principales factores de riesgo. En sustancias como el alcohol que están ampliamente distribuidos y son muy fácilmente accesibles, hay estudios en los que se considera que hasta el 50 % de la varianza en el riesgo para la dependencia de alcohol se explica por factores genéticos. El restante 50 % se atribuiría a factores ambientales. Las personas con más carga genética familiar de adicción tienen más riesgo de desarrollar una adicción si entran en contacto con una sustancia adictiva, que las personas que no tienen esa carga genética. Por el contrario, algunas personas sin esa predisposición que se exponen repetidamente a una o varias sustancias adictivas pueden terminar desarrollando una adicción mediante un fenómeno conocido como neuroadaptación. Todas las sustancias adictivas (drogas) tienen el potencial de alterar la estructura cerebral y el modo de aprendizaje de los individuos cuando las ingieren. Podríamos decir que solo están exentas de desarrollar una adicción aquellas personas que no consuman nunca (ni lleguen a probar) sustancias adictivas; lo cual, en nuestra sociedad, en la que el 93 % de la población ha consumido alcohol alguna vez en la vida, resulta prácticamente imposible. Sin embargo, otras sustancias ilegales con mayor capacidad de producir adicción como la cocaína, son más sencillas de evitar.


Aunque una persona no tenga antecedentes familiares de adicción, también puede desarrollar una si se expone repetidas veces a una o varias sustancias adictivas

La evitación del consumo de sustancias adictivas ilegales, como el cannabis, la cocaína o la heroína va a depender de una serie de condicionantes psicosociales. Por ejemplo, el lugar geográfico en el que viva cada persona condiciona la disponibilidad de determinadas sustancias. En el norte de África es fácil encontrar cannabis, en Sudamérica hojas de coca y en el norte y este de Europa licores fuertes. El proceso de elaboración industrial influye en la pureza de las sustancias psicoactivas: a mayor elaboración, mayor potencia y mayor potencial adictivo (por ejemplo, el clorhidrato de cocaína que requiere una extracción o una síntesis química es más potente y adictivo que mascar la hoja de coca).


Nadie está exento de desarrollar una adicción, salvo aquellas personas que nunca prueben las sustancias que potencialmente pueden resultar adictivas

Después de considerar el condicionante genético, el siguiente factor de riesgo individual para el desarrollo de una adicción es la presencia de un trastorno mental distinto a la propia adicción. La práctica clínica y los estudios epidemiológicos ponen de manifiesto la relación entre los trastornos adictivos y los demás trastornos mentales (depresión, ansiedad, trastorno bipolar, estrés postraumático, esquizofrenia, etc.). Vamos a citar dos estudios a continuación, uno por su relevancia internacional y, el otro, por la reproducibilidad que ha tenido el primero en una muestra clínica española. El primer estudio ha sido realizado por el NIDA (National Institute of Drug Abuse, o Instituto Nacional de Sustancias de Abuso de Estados Unidos), que calculó que 6 de cada 10 pacientes que consultaron en su servicio por un trastorno por consumo de sustancias presentaba también un trastorno psiquiátrico (www.drugabuse.gov). Por otra parte, el estudio español fue realizado en Madrid en los Centros de Salud Mental (CSM), Centros de Atención Integral a Drogodependientes (CAID) y los Centros de Atención a Drogodependientes (CAD). Se estudiaron más de 800 pacientes y se comprobó que el 63 % de los pacientes que acudieron a la red de drogodependencias (es decir, CAID y CAD) presentaban también un trastorno mental (Arias, 2013). Como vemos las cifras son superponibles.


Hasta 6 de cada 10 personas que consultan por una adicción tienen también algún otro trastorno mental

Hasta aquí, solo hemos podido ver que hay una relación entre enfermedad mental y adicción, pero no hemos podido establecer causalidad. La creencia popular siempre ha planteado que las personas que consumían sustancias tenían mayor riesgo de “volverse locas”, tener ansiedad, deprimirse o desarrollar cualquier tipo de enfermedad mental. Es decir, que la adicción era la causa de la enfermedad mental. Sin embargo, los estudios epidemiológicos han demostrado que una muy pequeña proporción de enfermedades mentales puede atribuirse al consumo de drogas; mientras que, una importante proporción de trastornos adictivos parecen ser la consecuencia de un trastorno mental previo. Por ejemplo, la probabilidad de que una persona con enfermedad mental desarrolle un trastorno por dependencia al alcohol es cuatro veces mayor que el riesgo de una persona sana (Colpe, 2009). Otro dato también muy interesante que debemos considerar es que las personas que experimentan síntomas depresivos o psicóticos en un determinado momento, tienen un riesgo aumentado de consumir sustancias adictivas en las horas siguientes (Swendsen, 2011).


El riesgo de desarrollar alcoholismo es cuatro veces mayor para las personas con una enfermedad mental que para las personas sanas

El principal gran estudio epidemiológico que ha puesto de manifiesto la relación de causalidad en la que los trastornos psiquiátricos preceden a los trastornos adictivos ha sido el National Comorbidity Survey Replication, que analizó aproximadamente 10.000 pacientes. Este estudio concluyó que la existencia previa de un trastorno mental se asociaba significativamente con la aparición en los siguientes 10 años de dependencia a nicotina (p < 0,001), a alcohol (p < 0,001) y a otras drogas ilegales (p < 0,001) (Swendsen, 2010).

Las implicaciones que tienen estos hallazgos son que el diagnóstico precoz y la intervención temprana en los trastornos psiquiátricos podrían evitar o retrasar el inicio del consumo en estos pacientes. Sabemos que la coexistencia de un trastorno adictivo y un trastorno psiquiátrico suponen el ensombrecimiento del pronóstico de ambas enfermedades, así como una peor evolución. La importancia de esta asociación en lo que respecta a la complejidad en el diagnóstico, en el tratamiento y en el pronóstico, ha llevado a proponer un término específico que designe a estos pacientes. Se han propuesto varias traducciones al castellano para el término anglosajón Dual disorder, a saber: diagnóstico dual, diagnóstico doble, trastornos duales, consumidores de sustancias mentalmente enfermos, enfermos mentales adictos a sustancias, trastornos concurrentes o trastornos comórbidos. Pero, el término que mayor aceptación ha tenido en nuestro país ha sido el de Patología dual.


Patología dual = trastorno adictivo + trastorno psiquiátrico (en una misma persona) 

Patología Dual


Los trastornos adictivos o trastornos por uso de sustancias son mucho más frecuentes entre las personas que padecen también una enfermedad mental. Esta asociación ha llevado durante muchos años a creer que la dirección de causalidad iba desde la adicción hacia la enfermedad mental. Es decir, se creía que el consumo de las drogas inducía la aparición de síntomas y trastornos psiquiátricos. Sin embargo, en los estudios epidemiológicos realizados en los últimos años se ha podido comprobar que, en la mayoría de los casos, la dirección es a la inversa. Una pequeña proporción de los trastornos psiquiátricos se pueden atribuir al consumo de sustancias adictivas (incluso en personas que han desarrollado una adicción); mientras que, una sustancial proporción de los trastornos adictivos parecen ser consecuencia de distintos trastornos psiquiátricos. Denominamos Patología dual a la concurrencia de ambos trastornos: un trastorno psiquiátrico + un trastorno adictivo.
El descubrimiento de la relación entre adicción y enfermedad mental nos ha llevado a darle mucha importancia a la realización de una completa evaluación psiquiátrica, que pueda valorar si la persona que consulta por una adicción tiene, además, otra enfermedad mental. El diagnóstico de patología dual va a tener unas consecuencias importantes en la elección del tratamiento, no solo farmacológico, sino también psicológico y psicosocial. El correcto diagnóstico, y el consiguiente tratamiento específico, se relaciona con mejores resultados. Por el contrario, la infravaloración de la importancia de la coexistencia de un trastorno psiquiátrico con el trastorno adictivo, habitualmente lleva al fracaso terapéutico. Esto se debe a que los pacientes reciben tratamiento para solo una parte de la enfermedad que tienen.

Las dos redes de tratamiento público para los trastornos mentales


A pesar de que, como hemos visto, más de la mitad de las personas con una adicción que consultan por la adicción tienen también un trastorno mental psiquiátrico, la mayoría de las comunidades autónomas mantienen el sistema de las dos redes de tratamiento público de estas enfermedades. Por un lado, está la red de Salud Mental en la que se tratan las enfermedades psiquiátricas y, según qué áreas sanitarias o comunidades, también los trastornos por consumo de alcohol (alcoholismo) y el juego patológico (ludopatía). Por otro lado, está la red de drogodependencias o de conductas adictivas (el nombre varía según la comunidad autónoma) en la que se tratan, habitualmente, los trastornos adictivos a las sustancias ilegales (cannabis, cocaína, heroína, anfetaminas, éxtasis, etc.).

La oferta pública de tratamiento de las enfermedades mentales se divide en dos redes: la que atiende las adicciones y la que atiende al resto de trastornos psiquiátricos

La red de drogodependencias, que en algunas comunidades se ha actualizado por un nombre menos estigmatizante: conductas adictivas, surgió en la década de los años 80 cuando se reconocieron los trastornos por uso de sustancias como entidades nosológicas diferenciadas. Estos recursos asistenciales se crearon para tratar lo que se denominaron toxicomanías, término que ha evolucionado con la intención de resultar menos estigmatizante a drogodependiente y, en la actualidad, a adicto. Estos recursos asistenciales contrataron psicólogos para hacer énfasis en el abordaje psicosocial y médicos generales para tratar las complicaciones médicas asociadas al consumo. Las complicaciones médicas más frecuentes eran las infecciones, ya que coincidió con los años en los que el consumo de heroína por vía parenteral (inyectada) era muy frecuente y cuando se empezaron a ver los primeros casos de infección por VIH. Con el tiempo, algunos centros de tratamiento de la red de drogas han incorporado a médicos especialistas en psiquiatría para optimizar la atención de sus pacientes, pero no todos lo han hecho. A pesar de ello, estos médicos generales que empezaron trabajando en estos centros han ido adquiriendo experiencia y se han ido formando en el tratamiento de las enfermedades psiquiátricas, por la elevada proporción de pacientes con enfermedad psiquiátrica que atienden. 


El término adicciones es más actual y menos estigmatizante que toxicomanías y drogodependencias

Por otra parte, en los Centros de Salud Mental se ha tendido a evitar tratar los trastornos adictivos por sobrecarga de las agendas, inexperiencia en el manejo de las adicciones, escasez de recursos asistenciales y la presencia de centros especializados (de la red de drogodependencias).
La presencia de las dos redes, con limitada comunicación entre sí, ha provocado que no pocos pacientes se sientan “rebotados” de una red a otra sin encontrar solución a sus problemas. La insatisfacción de algunos de estos pacientes, les ha llevado a buscar ayuda a recursos privados, ya sea financiados por ellos mismos, por sus familias, por sus empleadores o por fundaciones sin ánimo de lucro. No obstante, una inestimable proporción de pacientes ha sido satisfactoriamente atendida por alguna de las dos redes, o por ambas (secuencial o simultáneamente).
 

Tipos de tratamiento para pacientes con patología dual
 

1.    Tratamiento en serie o secuencial


Hablamos de tratamiento en serie o secuencial para referirnos a cuando el paciente recibe primero tratamiento para uno de los trastornos, adictivo o psiquiátrico, y después para el otro. Ello supone que el tratamiento se realice en dos dispositivos distintos de forma secuencial. Una vez que concluye el primero, pasaría al segundo. Este tipo de tratamiento podría estar indicado para casos concretos en los que:

  • El consumo de sustancias es tan problemático que no permite hacer una correcta evaluación del estado mental. En este caso, el paciente recibiría tratamiento primero en un recurso de adicciones para su trastorno adictivo y después se derivaría a un recurso de salud mental para evaluar el posible trastorno psiquiátrico. 
  • Los síntomas psiquiátricos sean muy intensos y agudos, hasta el punto de que no permitan un abordaje de su adicción. Ponemos como ejemplo un paciente con sintomatología delirante activa y desorganización del pensamiento que no le permita mantener una entrevista con un profesional que le intente ayudar a tratar su adicción. En algunos casos sería hasta necesario un ingreso psiquiátrico para estabilizar los síntomas psicóticos con medicación antipsicótica. Una vez concluido el ingreso psiquiátrico, el paciente sería derivado a un recurso de la red de drogodependencias para valorar y tratar su adicción. 

A pesar de estos ejemplos algo extremistas en los que puede ser útil, este tipo de tratamiento en serie, en el que el paciente es tratado independientemente por dos servicios distintos y, por tanto, por profesionales distintos no es muy recomendable.


2.    Tratamiento en paralelo

 

El tratamiento en paralelo es aquel en el que el paciente es atendido simultáneamente (y no consecutivamente) por dos servicios distintos, uno de la red de drogodependencias y otro de la red de salud mental. Idealmente, ambos servicios deben de estar coordinados entre sí para optimizar el servicio ofrecido al paciente. La ventaja con respecto al anterior tratamiento es que los resultados suelen ser mejores cuando se tratan las dos patologías simultáneamente, tanto en la mejora de los síntomas psiquiátricos como en la adquisición de una abstinencia. El inconveniente es que el paciente tiene que desplazarse a dos centros distintos, el número de citas se duplica, la coordinación no siempre es la que debería ser, el paciente puede resultar polimedicado y puede llegar a recibir consejos contradictorios de uno y otro lugar. 

 

3.    Tratamiento integral

Por último, el tratamiento integral es aquel que es suministrado por un mismo servicio o profesional. Es decir, los dos trastornos o la Patología Dual es evaluada y tratada en un mismo lugar. Esto supone una mayor especialización de los servicios y de los profesionales, ya que este servicio solo puede ser suministrado por sanitario con cualificación y experiencia para tratar trastornos psiquiátricos y trastornos adictivos. Esta sería la modalidad de tratamiento óptima, aunque tiene el inconveniente de la escasez de recursos de este tipo.


El tratamiento integral se realiza en un mismo recurso, en el que se recibe tratamiento específico para la patología dual
  Tratamiento en serie Tratamiento en paralelo Tratamiento integral
Recursos asistenciales 2 2 2
Secuencia de tratamiento Consecutivo Simultáneo Simultáneo
Profesionales Distintos Distintos Los mismos
Duración del tratamiento +++ ++ +
Eficacia del tratamiento + ++ +++
Cualificación del personal ++ ++ +++
Coste +++ +++ ++/+

La evaluación y el diagnóstico de las personas con adicción


Las adicciones afectan a las personas en distintos ámbitos de su vida, lo que condiciona que la evaluación de su repercusión deba hacerse por diversos profesionales. Habitualmente, es necesario una evaluación del estado físico general (médico), una evaluación del estado mental (psiquiatra), una evaluación del estado psicológico (psicológico) y, en algunos casos, una evaluación de la situación social, económica y familiar (trabajador social). Posteriormente, es posible que tengan que intervenir otros especialistas como cardiólogos, neurólogos, o digestivos, entre otros. El personal de enfermería y los educadores o counsellors también van a hacer un importante trabajo. Todo depende de la gravedad de la adicción y del tiempo de evolución. A mayor gravedad y mayor tiempo de evolución de la enfermedad, más riesgo de que aparezcan complicaciones y, por tanto, de que tengan que intervenir distintos profesionales.


En las adicciones más graves y de más tiempo de evolución es necesaria una evaluación multidisciplinar

La evaluación médica es muy importante para descartar complicaciones asociadas al consumo de sustancias y valorar el estado de salud general del paciente. Es frecuente que, durante el consumo activo de la sustancia, el paciente haya abandonado su autocuidado y no haya realizado las revisiones médicas oportunas, o haya hecho caso omiso a señales de alarma del cuerpo (como taquicardias, dolores de cabeza, cansancio o sensación de malestar). Por ello, y porque el consumo suele ir asociado a un estilo de vida poco saludable, es frecuente que el médico encuentre enfermedades que deban ser tratadas lo antes posible.


La evaluación psiquiátrica es otro elemento muy importante del diagnóstico. Como explicábamos en apartados anteriores, una importante proporción de adictos presentan también algún trastorno psiquiátrico. Aunque la mayoría de las veces no son trastornos muy severos, sí es cierto que se agravan con el consumo y pueden resultar mantenedores del propio consumo. Si no diagnosticamos un trastorno de ansiedad en, por ejemplo, una persona que tenga una adicción al alcohol, no vamos a poder tratar la ansiedad que va a conllevar un más alto riesgo de recaída y de fracaso del propio tratamiento de la adicción. Muchos pacientes e incluso profesionales no facultativos consideran excesiva una evaluación psiquiátrica, pero esta renuencia se suele deber al propio estigma social que tiene no solo la población, sino algunos profesionales. Pero, los psiquiatras entendemos lo estigmatizante que puede ser para una persona que se acaba de reconocer adicta a una sustancia, que se reconozca también como una persona con una enfermedad mental. Por este motivo, intentamos ayudar a nuestros pacientes a que vean que las dos enfermedades están relacionadas y que, tratando las dos como una única, va a poder comprender mejor su situación y obtener mejores resultados.


La evaluación psiquiátrica permite el diagnóstico de patología dual y de posibles síntomas psiquiátricos subsindrómicos (leves pero incómodos) que aparecen inducidos por el consumo prolongado o intenso, o como consecuencia del síndrome de abstinencia

La evaluación psicológica también es una parte muy importante para planificar el tratamiento. Las adicciones repercuten a nivel de la valoración que hace uno de sí mismo, de las relaciones interpersonales, de las relaciones familiares; y viceversa, la infancia, las relaciones significativas y los rasgos de personalidad influyen en el inicio, consolidación, mantenimiento y resolución de la adicción. Esta evaluación, junto con la del estado médico y del estado mental, nos permiten planificar un tratamiento individualizado.

Tratamiento de las adicciones

 

Se estima que un porcentaje muy bajo de las personas que sufren las consecuencias de una adicción reciben tratamiento. La pequeña proporción de personas que buscan tratamiento, a pesar de sus conocidas consecuencias adversas, se postula que puede ser debido a:

  • Escasa penalización de la sociedad hacia las drogas. Por ejemplo, si buscamos “cannabis” en internet, las primeras páginas que vamos a encontrar hablan de las propiedades curativas, de su cultivo y de su legalización. Resulta complicado encontrar artículos que hablen de su potencial adictivo, de cómo afecta negativamente a la memoria y a la motivación de los adolescentes, de su relación con trastornos psiquiátricos (TDAH, psicosis, crisis de pánico), de las consecuencias sociales y económicas del tráfico ilegal de cannabis, etc. Si hay poca conciencia social de que el consumo sea un problema, o sea el origen de otros problemas psicosociales, las personas no van a buscar tratamiento para ello.
  • Las personas afectadas por una adicción con frecuencia sienten vergüenza y estigma social por tener que reconocer su problema y buscar ayuda o tratamiento profesional.
  • Los planes de estudios de los grados universitarios de medicina no incluyen una asignatura obligatoria específica de adicciones, lo que conlleva una pobre formación de los profesionales sanitarios en el tratamiento de las adicciones y en el conocimiento de la repercusión del consumo de estas sustancias. Por el mismo motivo, la sensibilidad de los propios facultativos hacia estos problemas no es proporcional a la magnitud del problema y tienden, con frecuencia a normalizar o banalizar el consumo de determinadas sustancias como el alcohol y el cannabis. 
  • La escasez de facultativos instruidos e interesados por tratar las adicciones fomenta la proliferación de terapeutas sin formación acreditada, que suelen aplicar su propia experiencia personal.
  • Escaso interés de las farmacéuticas en desarrollar fármacos que puedan emplearse en el tratamiento de las adicciones. Apenas existen tratamientos farmacológicos con indicación en adicciones, tan solo tres fármacos tienen indicación en la adicción a heroína, cinco en la adicción al alcohol y tres a la adicción a la nicotina. No hay, en estos momentos, ningún fármaco con indicación en ficha técnica para el tratamiento de la adicción a la cocaína, al cannabis, al juego, a las anfetaminas, al éxtasis o al resto de sustancias ilegales no mencionadas. Si bien, se emplean fármacos, con distintas indicaciones en ficha técnica, que han ofrecido resultados esperanzadores en estudios de investigación y en casos reales.
  • Apenas se investigan nuevos fármacos para tratar las adicciones y los ensayos clínicos, que se utilizan para validar la eficacia de los fármacos que salen nuevos al mercado, excluyen a los pacientes que consumen sustancias. Esta exclusión dificulta que podamos valorar el efecto que esos tratamientos tienen sobre personas que consumen sustancias. Nos referimos tanto al efecto sobre la adicción, como al efecto sobre la enfermedad que está pretendiendo tratar el fármaco estudiado en el ensayo clínico (por ejemplo, la depresión).
  • La escasez de fármacos aprobados en el tratamiento de las adicciones y la frecuente presencia de ansiedad en los pacientes con adicciones, lleva a los facultativos de distintas especialidades a prescribir fármacos inadecuados. Por ejemplo, es muy común que las personas con una adicción al alcohol reciban como tratamiento de base para la ansiedad una benzodiacepina. Las benzodiacepinas son fármacos que actúan de una forma similar al alcohol, por lo tanto, potencian su efecto y, además, tienen potencial de abuso (adictivo) en determinadas personas predispuestas.
  • En cuanto al tratamiento psicológico, hay pocos psicólogos especializados en adicciones que están al corriente de las técnicas más actuales e indicadas para tratar las adicciones. Con frecuencia, encontramos psicólogos que conocen las técnicas terapéuticas para otros trastornos mentales no adictivos y que intentan aplicarlas insatisfactoriamente a las adicciones. Si bien es cierto, que algunas técnicas, como la cognitivo-conductual, ha resultado muy útil; otras, como el psicoanálisis, no ha demostrado eficacia en la consecución de la abstinencia. También hay que tener en cuenta que no solo el conocimiento teórico es importante, también el estilo de comunicación y de relación tiene que ser entrenado específicamente para trabajar con estos pacientes.

A todas estas dificultades a las que se enfrenta quien está buscando un tratamiento efectivo para su adicción se le suma que, en más de la mitad de los casos, los trastornos adictivos tienen asociado otro trastorno mental que también hay que tratar. Encontrar profesionales que estén formados en ambas patologías (patología dual) es todavía más difícil. Todo esto no significa que no haya profesionales bien formados y que puedan proporcionar un tratamiento muy eficaz. Por supuesto que, aún con todo, hay magníficos profesionales capaces de ayudar y tratar a estos pacientes. En muchos casos, como decíamos anteriormente, es necesario un abordaje multidisciplinar, en el que intervengan distintos profesionales (médicos, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, educadores sociales, enfermeras, etc.). Si quieres saber qué parámetros debes considerar para poder elegir a un buen profesional, puedes leer el artículo de Guía para elegir especialista .
 

El tratamiento de las adicciones se fundamenta en tratamiento psicofarmacológico, psicoterapéutico y en la asistencia a asociaciones que ofrecen grupos de apoyo mutuo y auto-ayuda

Los tres pilares del tratamiento:

A.    Psicoterapia

El tratamiento psicoterapéutico se ha considerado la base de cualquier tratamiento para un trastorno adictivo. La psicoterapia es lo que comúnmente la gente conoce como “ir al psicólogo”. Se trata de establecer una relación de confianza en la competencia del terapeuta para ayudarlo, en la que el terapeuta utiliza sus conocimientos y la palabra como medio para lograr la curación. La psicoterapia puede ser impartida tanto por un psicólogo especializado en clínica como un psiquiatra especializado en psicoterapia. Lo ideal es que, además de ser psicoterapeuta, el profesional tenga experiencia en el tratamiento de las adicciones. La psicoterapia puede ser en formato individual o grupal, aunque a veces también se incorpora a la pareja o a la familia a la consulta individual. El formato grupal resulta muy efectivo y tiene enormes ventajas, entre las que destaca su mejor relación coste-beneficio.


Las principales corrientes psicoterapéuticas que se emplean en adicciones son: la terapia cognitivo conductual , la entrevista motivacional , la terapia familiar , la terapia de grupo  y la terapia de facilitación de los 12 pasos . Cada una de estas corrientes están extensamente desarrolladas en sendos artículos a los que el lector puede acceder haciendo clic en cada una de las palabras resaltadas .
Es importante comprender que, en los casos en los que se haya diagnosticado algún otro trastorno mental, es necesario que el abordaje psicoterapéutico incluya el tratamiento de ese otro trastorno. Por este motivo, es tan importante que el psicoterapeuta tenga experiencia en el tratamiento no solo de las adicciones, sino también del resto de trastornos mentales. Por ejemplo, una persona con un trastorno por consumo de alcohol (alcoholismo) que tiene una fobia social (temor a exponerse públicamente), deber recibir tratamiento para los dos trastornos simultáneamente. Si no tratamos también la fobia social, es muy probable que el paciente no logre la abstinencia o recaiga rápidamente. 


En los casos diagnosticados de patología dual es importante que el psicoterapeuta tenga conocimiento y experiencia en el tratamiento de las adicciones y en las enfermedades mentales

B.    Farmacoterapia

El tratamiento farmacológico solo puede ser prescrito por médicos. Hay muy pocos médicos que tienen experiencia en el tratamiento de las adicciones. Los médicos de familia o de otras especialidades no conocen suficientemente bien los fármacos específicos y tienden a emplear otros fármacos que, incluso, pueden llegar a estar contraindicados. En general, la especialidad médica que más preparada está para diagnosticar y tratar las adicciones es la psiquiatría, aunque es cierto que algunos médicos generales o de familia tienen también mucha experiencia y las manejan muy bien. La ventaja del psiquiatra es que también está formado en habilidades de entrevista y puede realizar una exploración psicopatológica (o exploración del estado mental) para descartar otros trastornos psiquiátricos coexistentes con la adicción. Como decíamos anteriormente, hasta un 60 % de las personas que consultan por una adicción tienen también otro trastorno psiquiátrico. La ventaja de recibir el tratamiento farmacológico por un psiquiatra es que va a poder prescribir un tratamiento específico para la adicción y para la enfermedad mental, pudiendo, en muchos casos, simplificar el tratamiento en uno o dos fármacos. Se ha demostrado que la administración simultánea de dos fármacos, uno para el trastorno adictivo y otro para el trastorno psiquiátrico, consigue mejorar ambos trastornos más que si se trata solo uno de los dos con un único caso. Tal fue el caso de pacientes diagnosticados de depresión y alcoholismo que recibieron un fármaco para la depresión y otro para el alcoholismo (Pettinati, 2010). Además, algunos fármacos son más eficaces que otros para el tratamiento de determinados trastornos mentales cuando hay un consumo de sustancias. Por ejemplo, se sabe que el ácido valproico es mejor estabilizador que el litio en las personas con un trastorno bipolar que tienen un consumo perjudicial de alcohol, o que la atomoxetina es preferible al metilfenidato en las personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad que consumen sustancias ilegales.


C.    Grupos de apoyo

Los grupos de apoyo mutuo y auto ayuda se proveen a través de asociaciones sin ánimo de lucro. Se trata de grupos de personas que organizan reuniones periódicas programadas y estructuradas, auto-gobernadas por personas que tienen una preocupación de salud común: su adicción, y se facilitan mutuamente apoyo emocional. A diferencia de la psicoterapia de grupo, no están dirigidos por profesionales. El referente internacional de estas asociaciones es Alcohólicos Anónimos, con hasta dos millones de miembros en todo el mundo, pero hay cientos de asociaciones distintas para distintas adicciones y con distintas ideologías. Si estás interesado en conocer más acerca de estos grupos de apoyo, de cómo están organizados y de la ayuda que pueden ofrecer, haz clic aquí .


Los grupos de apoyo son de asistencia gratuita y han demostrado muy buenos resultados en la adquisición y en el mantenimiento de la abstinencia

Resumen 


La exposición a una sustancia adictiva supone un riesgo potencial en el desarrollo de una adicción. La predisposición genética supone uno de los factores de riesgo más importantes, por tanto, las personas con antecedentes familiares de adicciones tienen más riesgo de desarrollar una adicción cuando consumen una sustancia adictiva. Aun así, las personas sin antecedentes familiares también pueden desarrollar una adicción tras exposiciones repetidas a una o varias sustancias adictivas. 


La mayoría de personas que consultan con un profesional por una adicción tienen también una enfermedad mental adicional, esto es lo que conocemos como Patología dual. Por este motivo, es importante que todas las personas que consultan por una adicción reciban, no solo una evaluación médica y psicológica, sino también una evaluación psiquiátrica. Ello permite una evaluación más completa, un diagnóstico certero y una planificación de tratamiento óptima. De esta manera, las posibilidades de que el tratamiento sea exitoso aumentan considerablemente.


Bibliografía

 

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