Adicción a las Benzodiazepinas en la tercera edad

¿Están nuestros mayores enganchados a las benzodiazepinas? ¿Es un problema tan grave como parece? A raíz de la reciente publicación del estudio de el consumo a largo plazo entre adultos (1), varios medios de comunicación han vuelto a sacar en sus portadas una problemática que ya había sido estudiada en el pasado y que refleja uno de los principales problemas de su uso: el elevado porcentaje de adicción generada por aquellos que inician un tratamiento. Veamos un análisis con más detalle.
Equipo Rehably
18 September 2018

¿De que tratamiento hablamos y para qué se usa?

 

Las benzodiazepinas es uno de los fármacos más dispensados y que forma parte del día a día de millones de personas: hablamos de un espectro muy amplio que incluye lorazepam (cuya marca comercial más conocida es Orfidal), diazepam (donde entra el célebre Valium) o alprazolam (más conocido como Trankimazin); se trata de relajantes musculares, ansiolíticos, hipnóticos y anticonvulsivos utilizados ampliamente en el tratamiento de insomnio, agorafobia, ansiedad, determinadas situaciones afectivas, tratamiento de abstinencia de alcohol o apoyo en situaciones depresivas.

En general su tratamiento en la ansiedad, una de las razones más frecuentes de su prescripción, debe ser corto y no exceder las 8-12 semanas. 

Pero ¿Cuanto se consumen las Benzodiazepinas? Si duda, nuestra sociedad está enganchada y su uso sorprende cuando se pone en eprspectiva con el resto de medicamentos. Para tener una idea de la dimensión podemos destacar dos datos:

 

¿Cual es el porcentaje de tratamientos que finalizan en adicción?

 

El tratamiento con benzodiazepinas tiene una gran prevalencia entre la población adulta y, basado en este hecho, los investigadores citados anteriormente, realizaron un estudio entre 576 pacientes de elevada edad -una mediana de 78,4 años-  a los cuales se les había prescrito estos medicamentos entre los años 2008 y 2016. El resultado es que, un año después, 1 de cada 4 seguía consumiendo y obtenían las recetas por medios diferentes al inicial.

Este porcentaje se va incrementando a medida que se amplía el periodo de consumo; así, a partir de las 4 semanas y, dependiendo de la dosis y tipología, se incrementa el riesgo de adicción, duplicándose cada 10 días que se aumente la duración del tratamiento.

La adicción genera deterioro cognitivo, somnolencia o alteración del sueño además de que su retirada implica problemas de ansiedad, posible depresión, trastornos del sueño y dolores musculares o de cabeza, por lo que debe ser tratado de forma adecuada y aplicando estrategias terapéuticas adaptadas a cada caso.

A partir de las 4 semanas de tratamiento, se incrementa el riesgo de adicción, duplicándose cada 10 días que se aumente la duración.

 

¿Que problemas está generando?

 

Cualquier adicción es siempre un problema pero aún más si esta es en la tercera edad. La pérdida de capacidad cognitiva y somnolencia acaba reduciendo la interacción social de los afectados -clave en ese momento de la vida- y aumentando el riesgo de percances físicos como caídas que, a largo plazo, reducen la aún más movilidad.

Estos datos se refuerzan en el estudio realizado por Gray S, Dublin S y Larson E  que concluye que aquellos que consumían benzodiazepinas con más frecuencia presentaron síntomas de depresión y comorbilidad -con trastornos de hipertensión, ictus cerebral o problemas coronarios-, llevándoles a sugerir la reducción de tratamientos en personas adultas.

Todo ello sin tener en cuenta problemas sociales y económicos mucho más amplios que afectan al resto de estratos de edad:  disminución del rendimiento laboral,  accidentes laborales, accidentes de tráfico, incapacidades laborales prolongadas, desatención de padres a hijos menores, disminución del rendimiento académico, etc...

Por tanto, el tratamiento en personas adultas debe de reducirse lo más posible y tener especial seguimiento en la ampliación de los plazos prescritos -los cuales llevan a mayor posibilidades de adicción-; su uso excesivo puede generar problemas cognitivos y deterioro en su vida social y actividad.

 

(1) Lauren B. Gerlach, Donovan T. Maust y Shirley H. Leong 

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