Tratamiento de la adicción a la cocaína

Las medidas terapéuticas comprenden un amplio conjunto de intervenciones por parte de los profesionales sanitarios que incluyen desde el manejo del paciente intoxicado en los servicios de urgencias, el tratamiento de la adicción propiamente dicho hasta la consolidación de la abstinencia mediante estrategias de prevención de recaídas.

Atef Souied Espada Médico especialista en Adicciones. Nº colegiado: 282867667
Tratamiento de la adicción a la cocaína

Tipología de situaciones

 

Debemos diferenciar tres momentos totalmente diferentes que deben tener tratamientos radicalmente opuestos.

 

Intoxicación aguda y sobredosis

 

Al atender a un paciente en urgencias que pueda mostrar euforia, pupilas dilatadas, elevación de la tensión arterial, ausencia de fatiga, elevación de la temperatura corporal, agitación, estado de coma, signos/síntomas de hemorragia cerebral y convulsiones entre otras cosas, hay que comprobar si el cuadro es secundario al consumo de cocaína u otra sustancia o desencadenante. Para ello existen pruebas para detectar de manera rápida la cocaína en orina hasta 24-48 horas después del consumo; así mismo es necesario realizar una serie de pruebas complementarias (análisis de sangre, estudio radiográfico en tórax, TAC craneal, electrocardiograma, etc.) para comprobar si hay órganos o sistemas dañados.

Hay que tener en cuenta que la cocaína a diferencia de otras drogas no tiene antídoto específico.

¿Cuándo consideramos que es necesario un ingreso? En general, cualquier paciente que presente síntomas de intoxicación por cocaína precisa de un ingreso, teniendo en cuenta, en todo momento, la gravedad clínica dado que ello determinará en que servicio del hospital quedará el paciente (urgencias, UCI, etc.). El eje básico del tratamiento es asegurar la vía aérea, que la persona ventile bien y que tenga una adecuada circulación. Para ello es adecuado colocar una mascarilla de oxígeno y una vía venosa periférica, controlando de manera periódica la temperatura, la tensión arterial y la diuresis. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la cocaína a diferencia de otras drogas no tiene antídoto específico ¿Cómo tratamos las complicaciones derivadas de una intoxicación o una sobredosis?

  • Elevación de la tensión arterial: Las benzodiacepinas (bajo supervisión médica y de manera puntual) pueden paliar subidas leves o moderadas. En los casos graves hay que recurrir a la administración por vía intravenosa de fentolamina, nitroprusiato o nitroglicerina. En las crisis hipertensivas secundarias a intoxicación o sobredosis de cocaína están contraindicados los betabloqueantes.
  • Arritmias: Aquí también están contraindicados los betabloqueantes. En el caso de arritmias supraventriculares (origen en las aurículas o parte superior del corazón) se pueden utilizar las benzodiacepinas; en el caso de no revertir el cuadro se puede recurrir un grupo de fármacos llamado antagonistas del calcio (dialtiazem o verapamilo). ¿Por qué no se aconseja el uso de desfibrilador? Esta maniobra terapéutica tiene un efecto “corto” en lo referente al tiempo y este tipo de alteraciones del ritmo pueden reaparecer mientras dure la intoxicación. En el caso de arritmias ventriculares (origen en los ventrículos o parte inferior del corazón) se emplea lidocaína y/o bicarbonato sódico por vía intravenosa.
  • Síndrome coronario agudo: A grandes rasgos consiste en que uno o más vasos responsables de llevar sangre a la pared del corazón (miocardio) se constriñen debido los efectos de la cocaína. La primera elección farmacológica son las benzodiacepinas, pudiendo usar también nitroglicerina intravenosa o sublingual. Si la constricción de los vasos persiste puede dar lugar a un infarto agudo de miocardio.
  • Elevación de la temperatura corporal (hipertermia): Es debida a que la cocaína constriñe los vasos sanguíneos de la piel y ello impide la liberación del calor corporal; puede estar empeorada por la agitación o las convulsiones secundarias. La hipertermia puede condicionar un estado de coma. Los antitérmicos típicos como el paracetamol o nolotil son ineficaces teniendo que administrar dosis altas de benzodiacepinas en combinación con medidas físicas de enfriamiento. En los casos graves hay que recurrir a la anestesia, intubación y ventilación mecánica.
  • Convulsiones: El medicamento de elección es el midazolam administrado por vía intravenosa o intramuscular. Otras alternativas son diazepam, lidocaína o valproato.
  • Hemorragia cerebral: También llamado accidente cerebrovascular. Como hemos visto anteriormente puede ser isquémico o hemorrágico. Los fármacos de elección son aquellos que evitan la formación agregados de plaquetas (antiagregantes) o vasodilatadores. Los denominados fibrinolíticos, es decir, aquellos capaces de destruir los trombos están contraindicados por alto riesgo de sangrado secundario.
  • Ansiedad y agitación: Como es de esperar se tratan con benzodiacepinas (midazolam o lorazepam) por vía intravenosa, sublingual o intramuscular.
  • Psicosis tóxica: No es aconsejable emplear antipsicóticos como el haloperidol o la clopromazina dado que pueden empeorar la hipertermia al anular la sudoración. Los fármacos de elección son la olanzapina y risperidona por vía oral o intramuscular.

 

Síndrome de abstinencia

 

El tratamiento del síndrome de abstinencia a cocaína ha de enmarcarse en un contexto de desintoxicación, ya sea ambulatoria u hospitalaria. Es importante reseñar que a día de hoy no existe ningún tratamiento farmacológico cuya eficacia haya quedado demostrada en estudios que cumpliesen unas condiciones adecuadas de realización; así mismo, la experiencia clínica nos indica que, salvo casos graves, no es necesario un tratamiento farmacológico. En líneas generales podemos decir que la prescripción de medicamentos en estos casos está destinada más a paliar síntomas específicos como la ansiedad o el insomnio que tratar globalmente el cuadro.

 

Desintoxicación y deshabituación a la cocaina

 

La desintoxicación va seguida de un proceso de deshabituación; en éste, se trabaja con el paciente los motivos que le han llevado a su adicción junto con una serie de estrategias para evitar una recaída en el consumo. Es un proceso en el que el papel del psicoterapeuta es muy importante pudiendo estar complementado, en algunos casos, con tratamiento farmacológico. En apartados previos de la web se han descrito los diferentes tipos de terapia psicológica por lo que no entraremos en detalles concretos. En cualquiera caso, la severidad de la enfermedad de la adicción a la cocaína precisa la integración de los diferentes tipos de psicoterapia. La psicoterapia individual se puede complementar con una grupal en la cual se establece un medio adecuado para la adquisición de estrategias de prevención de recaídas a la vez que se desarrollan habilidades sociales.

¿Qué requisitos hay para constituir un grupo de psicoterapia grupal? Que los miembros tengan el mismo perfil de consumo, es decir, que consuman lo mismo; que los pacientes tengan edades similares y que no se tengan enfermedades psiquiátricas graves que dificulten la integración en el grupo y la dinámica del mismo.

El núcleo familiar puede suponer un factor de buen pronóstico de cara a la motivación del adicto para llevar a cabo tratamiento.

Otro aspecto a tener en cuenta en el tratamiento de la enfermedad de la adicción es el abordaje familiar; el núcleo familiar puede suponer un factor de buen pronóstico de cara a la motivación del adicto para llevar a cabo tratamiento. El terapeuta puede establecer una serie de medidas y acuerdos entre el paciente y la familia como, por ejemplo, aquellas que abogan por una adecuada comunicación o las que permiten saber a la familia sobre la evolución favorable del tratamiento con el fin de que refuercen a éste.

En cuanto al tratamiento farmacológico ocurre algo similar a lo expuesto en el apartado del síndrome de abstinencia, es decir, no hay ninguna medicación que haya demostrado ser realmente eficaz para el tratamiento de la adicción a la cocaína, por tanto, el profesional no tiene por qué plantearse una prescripción farmacológica desde el principio. En aquellos casos graves donde los síntomas ansiosos o depresivos dificultan la realización de la psicoterapia se puede recurrir a antidepresivos o benzodiacepinas; en este último caso la prescripción ha de ser reglada y temporal para evitar el desarrollo de una nueva adicción.
 

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